En nuestro colmenar de montaña, cada cosecha nunca es exactamente igual, y eso es precisamente lo que hace que esta miel sea tan especial.Según las estaciones y las floraciones, las abejas liban una gran variedad de plantas: la acacia aporta su delicada dulzura, es una miel dorada y translúcida; el arce es más anaranjado, con notas de vainilla y caramelo; mientras que la miel de brezo, opaca y de tono casi blanco, es más suave y menos dulce. A veces, el tilo aporta un toque fresco y mentolado, y la zarza desliza matices más afrutados.
Esta miel es el reflejo directo de su entorno: un entorno montañoso preservado, alejado de las fuentes de contaminación, donde la naturaleza se expresa libremente. Las flores y las estaciones dan forma a un concentrado del paisaje.
Cada extracción es una nueva sorpresa: un color diferente, una textura singular, aromas que evolucionan. Es este carácter cambiante lo que constituye toda su belleza: una miel viva, en perpetua evolución, que captura en cada ocasión un fragmento de paisaje, de floración y de luz.






