El viento cambia. La resiliencia ha permitido mantener la celebración. El mismo lugar, otra forma.
El solsticio de verano es un momento importante del año que proporciona una conexión íntima con el ciclo natural.
En este día, el sol desciende a la tierra y le pedimos que no queme nuestras plantas, que proteja nuestras casas de los rayos y que purifique el pueblo de enfermedades y energías negativas.
Bebemos el rocío bañado de sol.
Y así, formamos parte del mundo.